Hacer lugar a lo singular del sujeto.
Por Adriana Cabrera Esteve
8/2/2026
Ana María Careaga participó recientemente en los dos Encuentros Binacionales de Derechos Humanos, “Operación Cóndor”. El primero tuvo lugar en Concepción del Uruguay, Argentina, y el Segundo en Fray Bentos, Río Negro. Allí la contactamos y coordinamos la entrevista que sigue para la página de la Asociación de Amigas y Amigos del Museo de la Memoria.
Ana María es sobreviviente del exCCDTyE “Club Atlético”, y también hija de Esther Ballestrino, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, secuestrada y luego desaparecida. Tiene una larga carrera académica y de militancia en derechos humanos que incluye su doctorado en psicología, su docencia en la Facultad de Psicología de la UBA y en la Universidad Atlántida Argentina, además de ocupar la dirección del Instituto Espacio para la Memoria (IEM), entre otras.
En los ‘70 existió una recomendación por parte de la Comisión de DDHH de Naciones Unidas de reparar a las víctimas de delitos de lesa humanidad como forma de salir de los terrorismos de Estado que habían regido al cono sur durante una década. La reparación integral incluía la verdad, la justicia y la memoria. ¿Qué aprendizajes nos deja este medio siglo de luchas en pos de esas consignas?
Creo que algo muy importante a destacar es que la reivindicación de verdad, de memoria y de justicia, funcionó como una tríada en donde la justicia tuvo siempre el estatuto de lo no negociable. Y esto tiene una dimensión esencial, porque los delitos de lesa humanidad, de genocidio, tienen un aspecto de irreparables. No se pueden retrotraer los hechos a un estado anterior, previo al delito. Son vivencias traumáticas con consecuencias del mismo tenor. Por lo tanto, lo que tiene efectivamente un valor reparador es lo que hace a las herramientas que las sociedades han construido para la regulación de su funcionamiento y allí la justicia ocupa un lugar fundamental porque hace a la investigación de los hechos y al juzgamiento y sanción de los autores de estos crímenes aberrantes. Los juicios permitieron a quienes padecieron la metodología represiva de la dictadura en forma directa tomar la palabra para intentar dar cuenta de la vulneración del cuerpo y del cercenamiento de los procesos de la vida. En ese intento de decir acerca de lo indecible, de lo que no tiene palabras, se funda la posibilidad del testimonio y esto tiene resonancias hacia el conjunto de la sociedad.
Una de las recomendaciones fue la investigación de los hechos y la construcción de un relato que se ajustara a lo sucedido luego de años de negacionismo. Este relato implicaba la reparación moral y simbólica no sólo de las víctimas sino de la sociedad toda que también había sufrido el miedo, las amenazas, la intervención de los centros de enseñanza, etc., y lo hicimos. Sin embargo, en este momento nos encontramos con una verdad en disputa. ¿Qué lugar juegan las organizaciones sociales, las organizaciones políticas, el periodismo y la academia en esa disputa por el relato histórico?
La investigación sistemática e institucional de los hechos, a través de políticas públicas de memoria, permitió amplificar y sistematizar las denuncias que durante mucho tiempo venían haciendo los organismos de DDHH, las madres, las abuelas, los familiares que enfrentaron tempranamente al poder, recorriendo cárceles, comisarías, ministerios en busca de alguna información acerca del paradero de sus seres queridos. Presentaban hábeas corpus que eran sistemáticamente rechazados y en esa encerrona, ante la desesperación por la falta de respuestas, en esa ronda que podemos tomar como ejemplo que dibujaron las Madres en la Plaza de Mayo como recurso para interpelar públicamente al poder, fundaron al mismo tiempo un pacto civilizatorio, un contrato social y eso es lo que hoy está en riesgo.
A través de los juicios se logró reponer un texto de la historia del contexto del que habían sido arrancados y eso supone la restitución de una narrativa acerca de lo que implicó lo que podemos nombrar como un sistema concentracionario que apuntó no solamente a las llamadas víctimas directas sino al conjunto de la población. Los delitos de lesa humanidad como su nombre lo indica lesionan, ofenden la condición humana. Era necesario desarticular los lazos sociales solidarios, sembrar el terror, para generar un modelo económico de exclusión que habría de propiciar un acelerado proceso de concentración económica en beneficio de muy pocos y en desmedro de las grandes mayorías.
Hoy se intenta reeditar, con otros métodos, algo de esa experiencia, en términos de la ganancia y voracidad del capital. En este momento estamos en tiempos regresivos que intentan desandar los avances logrados en materia de defensa de los DDHH, y de memoria, verdad y justicia. Los distintos actores que mencionás juegan un rol central, porque si entendemos que estas cuestiones hacen a la defensa de la vida y del acceso a derechos y si hay una disputa por la verdad, por el sentido y por la representación, entonces la batalla es cultural y ahí juegan un papel fundamental las organizaciones que hacen a lo colectivo, que representan diversos espacios políticos, sociales, comunitarios.
En este sentido el rol de los medios de comunicación se destaca porque es necesario fortalecer todo lo que hace a los medios comunitarios y otros formatos de transmisión y de información para contrarrestar la desinformación y la mentira. En ese sentido el lugar de la academia también es muy importante porque de alguna manera plasma esas investigaciones, esa indagación de los derroteros históricos en letra institucional que legitima y que promueve el conocimiento de los sucesos históricos de cara a la comunidad y en articulación con lo social.
El desarrollo tecnológico ha desencadenado nuevas herramientas como las “fakes news” o memes descalificantes de los actores sociales y políticos que circulan libremente y tienen como consecuencia la banalización de la política y del accionar de los políticos. A tal punto que ha sido aprovechado por la derecha instalando presidentes showmans con respaldo popular. ¿Cómo ves la lucha por los derechos humanos en ese nuevo escenario de una IA dominada por los grandes capitales del mundo?
Este tema es una cuestión crucial respecto de las disputas de sentido, el carácter de la información y los canales de la comunicación. Asistimos a una época de mostración, en donde el gran triunfo del neoliberalismo tiene que ver precisamente con una caída de los valores, y en donde todo se exhibe sin velo, son discursos obscenos, de odio, que degradan también las formas de la política. Hay un vaciamiento de contenidos en beneficio de identificaciones que ponen en juego lo peor de los seres humanos, y que tienen una especie de efecto de sugestión de masas frente a líderes que vociferan con posiciones de segregación, discriminación y racismo, desde donde sostienen políticas de exclusión en beneficio de los intereses de las empresas transnacionales. Y en esa disputa feroz, no hay norma, no hay ley, no hay código.
Es la banalización del mal que impera en las actuales estrategias de dominación respecto de las cuales las llamadas “noticias falsas” y “guerra judicial” se destacan por el grado de ofensiva que despliegan sobre la gente sin ningún tipo de freno ni control. En este sentido, no podemos pensar el desarrollo de la técnica ajeno a la correlación de fuerzas y al lugar que ocupan allí los dueños del dinero. El tema de la inteligencia artificial está siendo interpelado incluso por los propios protagonistas del sistema financiero en el punto que aquello creado por lo humano que se separa de su origen se vuelve ajeno, y adquiere la dimensión de lo siniestro.
Hay un concepto psicoanalítico que pienso que puede ilustrar esto que es el concepto de éxtimo, que da cuenta de cómo lo más familiar y cercano se puede tornar lo más extraño y ominoso.
¿Cómo pensás que se puede contrarrestar esa influencia masiva sobre las poblaciones? En tu disertación durante el Encuentro binacional sobre el Plan Cóndor vos hablabas de seguir conmoviéndonos frente al dolor humano y mi pregunta es cómo. ¿Cómo no naturalizar esa gran maraña de violencia familiar, social, política que nos llega a través de todas las pantallas?
Es una realidad muy compleja frente a la cual es necesario que nos convoquemos a no naturalizar la ruptura de los entramados solidarios. Creo que frente al intento de desandar los avances civilizatorios en materia de derechos humanos es importante dignificar el lugar del testimonio como parte del patrimonio de la historia oral de los pueblos. El testimonio restituye al relato el estatuto de lo verdadero. Yo digo siempre que cuando se asiste a una audiencia de los juicios en los que se ventilan estos hechos crueles, inhumanos y degradantes no se puede salir de allí igual que como antes se ingresó a esa sala, algo de esa palabra toca el cuerpo y al mismo tiempo nos advierte sobre el mal presente en la condición humana y sobre lo que es capaz de implementar el poder a la hora de defender sus intereses. En tiempos de caída de la dimensión solidaria una respuesta posible es fortalecer las redes comunitarias que abonen a sostener esas redes.
Durante el terrorismo de Estado las organizaciones de derechos humanos acudíamos a los organismos multilaterales como Naciones Unidas para denunciar lo que sucedía en nuestros países. En la actualidad parece haber una política deliberada de debilitamiento de estos organismos internacionales a tal punto que fue Trump y no la ONU las que presentaron una “salida” al genocidio en Gaza (aunque no se esté cumpliendo). ¿No observas como un desmoronamiento de esa estructura que se basaba en la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Qué perspectivas ves? ¿Estamos ante la ley del más fuerte otra vez?
Efectivamente los DDHH como derecho universal y las organizaciones internacionales que surgieron al calor de la posguerra con el fin de velar por el cumplimiento de ciertos parámetros de convivencia a nivel mundial, obviamente como producto de ese escenario y no ajenas a determinados intereses, fueron tornándose cada vez más funcionales hasta el punto que hoy están vaciadas de contenido y se presentan más como un simulacro que como instancias de regulación y de pactos de respeto a los DDHH.
Asistimos a un momento del mundo en que pareciera que la historia se repite como tragedia, se reactualizan discursos y prácticas neofascistas, y adquieren liderazgo político y de masas figuras de una gran decadencia desde el punto de vista político cultural, con los enormes riesgos y consecuencias que eso conlleva. Retroceder respecto de los avances que la humanidad pudo construir para contrarrestar el mal supone un gran riesgo para la vida, y en el conflicto actual del mapa geopolítico mundial los EEUU se repliegan peligrosamente a América Latina, no sólo erigiéndose en los dueños del mundo sino arrasando con la soberanía de los pueblos, apropiándose obscenamente de los recursos naturales, secuestrando presidentes como lo hizo con el mandatario de Venezuela, profundizando las restricciones y amenazas contra Cuba, y anunciándose asimismo como representante de un poder omnímodo que se presenta como dueño acreedor de Canadá y de Groenlandia, además de agudizar irresponsablemente los conflictos de Medio Oriente.
No es casual que en estos tiempos el sistema promueva estos líderes enloquecidos sin límite, ni frontera, funcionales a esta época de desgobierno en donde reina la voracidad del capital y el sujeto es reducido a mercancía.
Hablaste también de un proceso de colonización de la subjetividad. ¿Cómo caracterizarías esa colonización de la subjetividad? ¿Y cómo pensás una eventual descolonización?
Hoy se habla de colonización de la subjetividad justamente en relación a cómo se opera sobre la subjetividad, sobre el pensamiento, las emociones y sobre la voluntad de las personas. El avance en la tecnología aceleró notablemente este proceso que siempre tuvo su lugar de soporte del sistema que en términos marxistas podemos nombrar como alienación, pero que hoy, ante un escenario distinto en relación a la economía y la organización del trabajo, encuentra al sujeto en un estado de mayor desamparo.
Si el ser humano se constituye de manera alienada, el lugar de los medios es central, si el ser humano es hablado por los medios, cómo pensar entonces en ese proceso de separación, de toma de conciencia. Si hoy la mercancía por excelencia son los datos, y el ser humano empujado a ese lugar de mercancía y de consumo, es reducido a eso, queda más expuesto aún. En la práctica del neoliberalismo hay un empuje cada vez más pronunciado al individualismo propiciando las soluciones mágicas o emocionales por fuera de las opciones de organización comunitaria. Uno de los grandes triunfos del neoliberalismo es haber logrado imponer que el secreto de “la felicidad” está en tener una mirada positiva de la realidad y “buena vibra”. Si bien esto puede funcionar como un recurso eficaz, eventualmente es contrario a la necesidad de poder reconocerse como parte de un contexto y de un mundo en el que una ínfima minoría se apodera de la riqueza.
Pensar los modos de contrarrestar esta realidad requiere no solo de responder a la coyuntura sino de poder interpelar la realidad con una mirada estratégica que apueste también a poder caracterizar la etapa y construir respuestas a mediano y largo plazo. La batalla es cultural decimos y los dueños del poder también lo dicen y lo despliegan. Se tratará de hacer lugar a lo no colonizable, lo singular del sujeto en intersección con lo colectivo para no perder de vista los proyectos emancipatorios que hicieron de aquellas generaciones un lugar en el mundo.